
Las estadísticas no mienten: en los últimos años se ha producido un aumento significativo de los ciberataques en todo el mundo. Empresas de todos los tamaños y sectores han sufrido atentados cada vez más sofisticados, que han provocado importantes pérdidas financieras y operativas. La historia no ha sido distinta en el sector de la educación superior, dónde algunas universidades han llegado a sufrir la paralización de sus actividades, la pérdida de datos sensibles y la interrupción de los procesos de enseñanza-aprendizaje, entre otras consecuencias.





