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Ha partido nuestro amigo Alberto Cabezas… demasiado "temprano levantó la muerte el vuelo"

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“Cuando un amigo se va / Queda un tizón encendido / Que no se puede apagar / Ni con las aguas de un río”, Alberto Cortez.

 

Quisiéramos pensar que cogiste un avión con rumbo a Roma o a Managua; o que te subiste a tu “joyita” para ir a tu casa en Curauma a pasar una temporada con tus niños. Quisiéramos verte aparecer preguntando “¿alguna novedad?”. Incluso quisiéramos estar sentados junto a ti en la pequeña oficina, y escuchar tus largas videoconferencias con Lautaro y gente de LA Referencia, en voz muy alta y oírte decir “me explico, ¿no?” Alberto, Pelaíto, es tan tremendamente difícil escribirte un adiós, cuando lo que quisiera (lo que todos quisiéramos) es que estuvieras aquí, con nosotros, cuando acabe la pandemia, para poder abrazarnos, reírnos y para que por fin nos cumplas a Tania y a mi la promesa de hacernos una pasta rica en tu casa. ¡No era la hora de partir Pelaíto, no era!

Alberto fue mi primer jefe en el mundo de las redes académicas. Lo admiré desde un inicio por su claridad y brillantez a la hora de trabajar, por su intensidad agotadora al tiempo de echar a andar los temas en los que creía. Los que trabajaron con él en LA Referencia y en materia de acceso abierto, saben que cuando hablo de su intensidad, debo escribirlo en altas, INTENSIDAD, porque él puso no sólo su corazón y alma en ello, él hubiese dado hasta su piel.

Como compañero y amigo, el Pelao siempre fue generoso y noble. Preocupado y entregado. En 20 años de amistad lo vi transitar por felicidades inconmensurables, como cuando nació Diego, o cuando Fernanda, la Feña, fue a estudiar a Italia, y dolores profundos. A Alberto le brillaban los ojos cuando hablaba de sus niños, o cuando recordaba su vida en Roma y en Managua. Junto a Tania eran frecuentes nuestras salidas a tomar café con él para buscar, hace unos años, la forma en que lográsemos tener una RedCLARA como la que tenemos hoy: eficiente, justa, solidaria, colaborativa. En esos momentos él nos contaba sus historias de vida en aquellas lejanas ciudades, en la Managua amada de Tania, su casa de nacimiento, y lugar al que Alberto soñaba volver.  Eran largos cafés donde descuerábamos la vida, nos contábamos nuestras venturas y desventuras en el amor, resolvíamos la vida personal y laboral nuestra y del Universo entero.

Escribir una nota de despedida, intentando tomar distancia de los miles de recuerdos y de la horrible certeza de haber dejado cosas pendientes de hacer y decirle, con el arrepentimiento de no haberlo llamado una última vez, con la tristeza de no haberlo abrazado más fuerte el último día que lo vimos en el que ahora perece muy lejano 13 de febrero del 2020 (la fotografía es de ese día, junto a Carolina Guerra y Tania Altamirano), duele y hiere.

En RedCLARA volvimos a ser compañeros, cuando llegó para trabajar en LA Referencia, de la que fue Director Ejecutivo e impulsor máximo. Y con toda certeza, puedo decir que fueron estos últimos años, en los que se sintió más feliz y pleno, laboralmente hablando.

Antes de llegar a La Referencia, Alberto fue Gerente de Comunicaciones en REUNA, Director del Departamento de Información en CONICYT (Chile), y miembro del Comité Interinstitucional de ScienTI, entre otras.

No sé cómo terminar esta nota… discúlpame Alberto, y discúlpennos todos… decir que hemos perdido a un gran amigo, que es nuestra segunda pérdida así de dolorosa en tan poco tiempo, quizás nos excuse… quizás sea el momento de pensar que saliste a caminar con Marcela, y que a ambos sólo se les alargó la caminata… Te queremos amigo, hasta siempre.